martes, 28 de abril de 2026

Cuba en la encrucijada

 EN MI OPINION LAS FUERTES CRITICAS QUE EXPRESA A RUSIA, CHINA, BRASIL, COLOMBIA, Y QUE LE PEGAN A OTROS, SON MUY OBJETIVAS

Cuba, en la encrucijada de un multilateralismo hipócrita. Josué Veloz Serrade

20 marzo 2026


A nuestras manos ha llegado este artículo de Josué Veloz Serrade, psicólogo, académico y articulista cubano, que sabemos que fue publicado en Medium (La tizza Cuba) el 18 de marzo de 2026. Un texto estremecedor, que no descalifica, no insulta, no juzga, pero no se calla, simplemente cuenta lo que está pasando y lo presenta sin adornos, desnudo, sin nada que lo enturbie.

También nos interpela, interpela a este mundo, que sobre todo, mira sin hacer nada.

Un texto que hacemos nuestro, de obligada lectura y de exigencia de acción para quienes de verdad dicen querer otro orden mundial.

El síntoma del amo es precisamente no querer saber nada de lo que sostiene su poder.

Jacques Lacan

El asedio perfecto: cuando la asfixia es la política

La actual crisis energética que atraviesa Cuba no es un accidente de la naturaleza ni una mera falla de infraestructura. Es el punto álgido de un asedio geopolítico diseñado con precisión quirúrgica a lo largo de seis décadas. Lo que hoy vive la isla es la convergencia letal de la guerra económica tradicional — el bloqueo — y un nuevo contexto internacional donde los actores que deberían equilibrar la balanza han optado por lo que podríamos denominar una geopolítica de mínimos.

Cuba no solo enfrenta la hostilidad del imperio, sino el abandono silencioso de aquellos que, en teoría, debieran disputar el orden unipolar.

Pero antes de analizar las coordenadas geopolíticas, es necesario interrogar el mapa psíquico que subyace a esta situación. Porque lo que ocurre con Cuba no es solo un problema de correlación de fuerzas; es también un problema de deseo, de fantasma político, de aquello que Freud llamó Verneinung, la negación como forma de reconocimiento encubierto. Los que abandonan a Cuba la niegan, pero al negarla, la confirman, y sobre todo confirman lo que niegan de sí mismos. El bloqueo existe porque Cuba aún interpela, sigue siendo un síntoma incómodo dentro del sistema capitalista global. Si Cuba no representara ninguna amenaza real, bastaría con ignorarla. El hecho de que haya que destruirla demuestra que su mera existencia sigue siendo intolerable para el orden del Amo.

La pregunta que sobrevuela este texto puede enojar a más de uno, pero es necesaria: ¿qué queda de la solidaridad internacional cuando los gestos simbólicos reemplazan a las acciones concretas? ¿Qué significa realmente apoyar a Cuba cuando el cerco se estrecha y la asfixia se vuelve material? Y sobre todo: ¿qué dice del conjunto de fuerzas geopolíticas que declaran querer otro mundo, el hecho de que sean capaces de mirar ese ahogamiento sin mover una mano?

El abandono no declarado de los socios estratégicos

En estos días de tensiones mundiales se desempolva también la teoría de las relaciones internacionales, en la que se aborda el realismo periférico que describe la tendencia de los Estados a priorizar sus intereses inmediatos — comercio, estabilidad fronteriza, no incomodar al hegemón — sobre alianzas ideológicas o históricas cuando la presión del imperio aumenta. Pero el realismo periférico no alcanza para explicar del todo la conducta actual de Rusia y China frente a Cuba. Aquí opera algo más profundo. Opera la renuncia al deseo propio como condición para sobrevivir en el sistema que, supuestamente, desean transformar.

Lacan distingue entre la demanda y el deseo. La demanda es lo que se pide explícitamente; el deseo es lo que subyace y que a menudo no puede articularse sin costo. Rusia y China demandan, en sus discursos, un mundo multipolar, el fin de la unipolaridad, el respeto a la soberanía. Pero su deseo, revelado por sus actos y no por sus palabras, es la integración progresiva en las reglas del mismo sistema que dicen impugnar.

Por amargo que resulte escucharlo, al abandonar a Cuba, no están siendo simplemente pragmáticos, están confesando que su horizonte real no es la transformación del orden mundial, sino la negociación de un lugar más cómodo dentro de él.

Atrapados en sus propios conflictos de desgaste — Ucrania para Rusia, Taiwán y el mar de China Meridional para Pekín — , ambas potencias han consolidado una postura defensiva. Su apoyo a Cuba se ha reducido al discurso en los foros multilaterales y a la provisión de determinados recursos, sin desafiar estructuralmente el bloqueo. No envían el petróleo necesario, no habilitan líneas de crédito que esquiven las sanciones secundarias, no escoltan con sus buques los suministros hacia la isla. Si se les preguntara por qué, la respuesta quizás sería la misma del gran conformista: el momento no es oportuno, los costos son demasiado altos, hay que ser realistas.

Pero el realismo, en este contexto, es otra forma de avanzar hacia una capitulación anticipada. Quizás en su fuero interno creen que están abandonando a los que pueden caer primero, no a los que caerán últimos, que podrían ser ellos mismos. Han encontrado su límite histórico y, en lugar de empujarlo y quebrarlo, lo han normalizado. Al hacerlo, cometen un error de cálculo estratégico que la historia ya ha castigado antes. Cada vez que una potencia permite que el orden hegemónico destruya a un eslabón sin costo, ese orden sale fortalecido y se acerca un paso más al sometimiento de los que creyeron estar a salvo. Al permitir que un proyecto soberano sea destruido por el imperio sin consecuencias, envían un mensaje a sus propias poblaciones y a otros actores secundarios: la solidaridad es un lujo que no podemos permitirnos; cuando llegue tu turno, estarás solo.

América Latina y el Caribe: la diplomacia de los abrazos vacíos

La postura de Brasil y Colombia es, quizás, la más paradigmática de la bancarrota contemporánea del progresismo. Lula da Silva y Gustavo Petro, dos líderes que deben su capital político a la narrativa de la transformación social y la soberanía regional, han optado por lo que podríamos llamar una especie de simbolismo de bajo costo con declaraciones de apoyo moral, llamados al diálogo, presencia discursiva en los foros internacionales. Pero mientras las palabras circulan, las condiciones estructurales de asfixia — el bloqueo, las listas de países patrocinadores del terrorismo, las sanciones financieras — permanecen intactas.

Todo transcurre como si operara una especie de identificación con el agresor, como un mecanismo por el cual el sujeto sometido a una fuerza superior asimila, inconscientemente, los valores y las lógicas de ese poder para sobrevivir. No se trata de una traición consciente sino de una adaptación que, con el tiempo, se vuelve constitutiva de la propia identidad. Algo de eso ocurre con ciertos gobiernos progresistas latinoamericanos, han incorporado tanto la lógica del campo de juego imperial — sus instituciones, sus mercados, sus reglas — que ya no pueden imaginar una acción política que rompa con ese campo, aunque en el discurso la proclamen necesaria.

Brasil y Colombia olvidan que si fueran hoy una verdadera retaguardia estratégica no sería un favor el que le harían a Cuba, sería una necesidad propia. Si Estados Unidos sigue inclinando la balanza a su favor en la región — como lo hace con su política de sanciones, su dominio del FMI, su control de la OEA y su influencia sobre las derechas locales — , ¿con quién contarán Lula y Petro cuando la marea reaccionaria los golpee a ellos? Habrán quemado, con su prudencia, la retaguardia que desesperadamente necesitarán. En días recientes Lula afirmó que podrían ser invadidos «cualquier día»; podríamos contestarle: «Y mientras más sólo te quedes, más posibilidades reales hay de que eso ocurra».

El caso de Venezuela es el más doloroso porque representa la mutilación de un proyecto que alguna vez fue el pilar de la solidaridad regional. Hoy, Venezuela está de facto sometida a las decisiones geopolíticas de los Estados Unidos.

El régimen de sanciones extrema, el secuestro de Maduro y Cilia Flores, han logrado su objetivo: condicionar al Estado venezolano, obligarlo a negociar en condiciones de inferioridad y reducir su capacidad de proyección internacional. Venezuela ya no puede ayudar a Cuba porque apenas puede ayudarse a sí misma. Si el imperio pudo con Venezuela, con las reservas de petróleo más grandes del mundo, ¿qué esperanza tiene un país más pequeño sin ese recurso? Pero los gobiernos de la región no extraen la conclusión correcta. En lugar de unirse para romper el cerco, se dispersan, negocian por separado, y caen uno tras otro.

Algunos de los países pequeños que recibieron solidaridad cubana — médicos en sus aldeas, maestros en sus escuelas, brigadas en medio de sus catástrofes — aprietan hoy la nariz y dan la espalda. En relaciones internacionales, es lo que se denomina bandwagoning: la tendencia de los actores débiles a alinearse con el más fuerte cuando perciben que el benefactor histórico está en retirada. Es una lógica cruel pero predecible.

Lo que no entienden es que su supervivencia a largo plazo no depende de complacer al Amo, sino de la existencia de un ecosistema regional soberano. Al dar la espalda a Cuba, están contribuyendo a desmantelar el único tejido de solidaridad que podría protegerlos cuando ellos sean los siguientes en la lista. Es la lógica del «yo me salvo» que conduce inevitablemente al «todos nos hundimos». Todo el que elige salvarse a sí mismo termina aislado y luego sometido. Al final, igual le espera la muerte, pero una muerte solitaria, sin la dignidad de haber luchado junto a los demás.

El mito de la autosuficiencia es una trampa discursiva

Frente a ese panorama, la objeción liberal, y a veces incluso la de cierta izquierda, suena previsible: ¿por qué apelar a otros? ¿Acaso Cuba no debería valerse por sí misma? Esa pregunta merece ser demolida con rigor, porque opera como una trampa retórica que naturaliza la violencia del bloqueo y culpabiliza a la víctima.

La autarquía es un mito en el sistema mundial contemporáneo. Ningún país es una isla, ni siquiera las islas. Estados Unidos no se vale por sí mismo, depende de una red global de bases militares, del dólar como moneda de reserva impuesta al mundo mediante los acuerdos de Bretton Woods y la presión de sus portaaviones, y de cadenas de suministro que explota sistemáticamente. China no se vale por sí misma, depende de materias primas africanas y latinoamericanas y de mercados globales para su sobreproducción industrial. Rusia no se vale por sí misma, su poderío energético es nulo sin los gasoductos y sin compradores dispuestos a pagar su tecnología militar.

La dependencia no es la excepción en el sistema internacional, es una regla estructural. Lo que varía es el tipo de dependencia y el margen de autonomía que se puede construir dentro de ella. Un país como Luxemburgo disfruta de altos estándares de vida porque está incrustado en el corazón del bloque imperial. Un país como Cuba tiene que sobrevivir a pesar de estar bloqueado por el imperialismo. La pregunta correcta, entonces, no es por qué Cuba no es autosuficiente, sino por qué se le exige a Cuba un nivel de autosuficiencia que no se le exige a nadie más. Esa exigencia asimétrica no es inocente, es una trampa discursiva y cobarde que coloca a la isla en una posición ontológicamente imposible, para luego presentar su imposibilidad como evidencia de su fracaso.

Se le impone a Cuba una especie de doble vínculo, se somete al sujeto una condición que no puede cumplir, y se le culpa del incumplimiento. El neurótico producido por el doble vínculo no puede escapar porque la trampa está inscrita en el lenguaje mismo con el que se le habla. Cuba está atrapada en ese lenguaje: si resiste, es una dictadura que hace sufrir a su pueblo; si negocia, está cediendo al chantaje imperial; si pide ayuda, es un Estado fallido que no puede sostenerse solo. No hay salida dentro del discurso del Amo, porque el discurso del Amo no está diseñado para tener una salida, sino para atrapar.

La metodología del imperio: negociar, ahogar, culpar

Lo que hemos descrito no ocurre en el vacío. Responde a una metodología del imperialismo estadounidense en sus negociaciones con actores soberanos que se niegan a capitular. El libreto histórico es invariable y ha sido ejecutado con mínimas variaciones.

Primero, la mesa del diálogo como trampa. Se sientan a negociar no para llegar a acuerdos, sino para ganar tiempo. Mientras la contraparte deposita esperanzas en la vía diplomática — mientras el sujeto cree que el Otro es susceptible de ser convencido — , el imperio continúa aplicando sanciones, fortaleciendo a la oposición interna, preparando el terreno. Es el gesto que Lacan identificaría como perverso, la promesa que estructura el vínculo solo para perpetuar la dependencia.

Segundo, la exigencia de concesiones unilaterales. El imperio nunca negocia de buena fe; negocia desde la posición de fuerza absoluta. Exige que la otra parte ceda primero, que demuestre voluntad de cambio, que desmonte sus estructuras defensivas como gesto de buena voluntad. Cada concesión que hace la parte débil es interpretada como signo de debilidad ulterior y se responde con más presión. El mecanismo es siniestro en su lógica: cuanto más se cede, más se debe ceder. La negociación se convierte en un proceso de vaciamiento progresivo de la soberanía.

Tercero, si no obtienen lo que quieren, invaden o destruyen. Cuando el diálogo no produce la rendición completa, pasan a la siguiente fase: invasión directa — Panamá, Granada, Irak — , golpe de Estado — Honduras, 2009; Bolivia, 2019 — , guerra de baja intensidad — Nicaragua en los ochenta — , o destrucción económica sistemática — Cuba, Venezuela, Irán — . La diplomacia es solo la antesala de la agresión.

Quienes, con buena fe, instan a Cuba a negociar con Washington ignoran esa estructura. Cuba no es empujada a la mesa para dialogar; es empujada a la mesa para rendirse en las condiciones más desfavorables posibles.

La crisis humanitaria como arma de guerra

La ayuda humanitaria que llega a Cuba hoy — los envíos de alimentos, medicinas, generadores — es vital para aliviar el sufrimiento inmediato. Pero en términos políticos, funciona como un paliativo que corre el riesgo de despolitizar la crisis. Es el respirador que se le pone a un paciente en coma: mantiene al enfermo con vida, pero no repara la lesión que lo llevó al coma. El paciente necesita una operación estructural, no la perpetuación de la emergencia.

El bloqueo no es una sanción, es un mecanismo de desgaste diseñado para provocar una implosión desde adentro. Ofrecer ayuda humanitaria, por más valiosa que sea, sin romper el cerco financiero y energético es como bombear agua de un barco que sigue teniendo un boquete abierto por el ataque enemigo.

El boquete es permanente; y el bombeo, agotador. El objetivo estratégico del bloqueo — lo que en la terminología militar se llama guerra de cuarta generación o cambio de régimen por asfixia — es negar al Estado la capacidad de satisfacer las necesidades básicas de su población, para que sea la propia población la que termine desbordando a su gobierno. No hay nada de accidental en esa estrategia: es deliberada, está documentada y ha sido aplicada con distintos grados de intensidad durante más de seis décadas.

El apagón no es solo ausencia de luz, es una pedagogía del miedo, una lección que el Amo imparte día tras día. Cada hora sin electricidad, cada fila para conseguir alimentos, cada médico que no tiene insumos es un recordatorio de lo que cuesta resistir. Es el goce del poder en su forma más cruel, no el goce de destruir al enemigo de un golpe, sino el goce de verlo degradarse lentamente, de convertir su vida en una demostración permanente de que la resistencia conduce al sufrimiento. Duele constatarlo, pero la mayor crueldad del bloqueo no es su fuerza, es su lentitud.

La narrativa del Estado fallido o la culpa siempre es de la víctima

Y aquí llegamos al punto más perverso de toda la operación, la construcción del relato que invierte la causalidad.

El imperio no solo destruye; además construye el dispositivo discursivo para que la destrucción parezca merecida o inevitable.

Un Estado al que se le niega la posibilidad de importar alimentos, medicinas, combustible y repuestos; al que se le bloquean sus finanzas internacionales; al que se le impide acceder a créditos; al que se le somete a una guerra mediática; al que se le castiga por comerciar con quien sea: ese Estado tendrá, por definición, enormes dificultades para funcionar con normalidad. Luego, cuando esas dificultades se manifiestan — apagones, desabastecimiento, migración — , el coro imperial y sus voceros locales dicen: miren, es un Estado fallido, el socialismo no funciona.

Se presenta como fracaso interno lo que es resultado de una agresión externa.

La causalidad se invierte, el bloqueo no es la causa de la crisis; la crisis es la prueba de que el régimen es incompetente. Es la misma lógica del abuso, se le ata las manos al sujeto, se le golpea durante horas, y luego se le acusa de no poder defenderse. Ese mecanismo tiene nombre: proyección. El agresor proyecta sobre la víctima la responsabilidad de lo que le hace; así externaliza su propia culpa y mantiene intacta su imagen de orden y civilización.

La categoría de Estado fallido no es descriptiva, es performativa. Nombrar a Cuba como Estado fallido no constata una realidad; construye una realidad que justifica el abandono y eventualmente la intervención. Es el concepto que hace posible lo que viene después, la haitianización como dijera Claudio Katz en días recientes. Reducir la isla a un estado de degradación tal que se convierta en vitrina del horror, en demostración permanente de lo que le ocurre a quienes se atreven a elegir un camino soberano.

El mensaje es perverso en su transparencia: miren lo que pasa si se atreven a ser libres.

Pero un Estado fallido de verdad no resiste 65 años de bloqueo. Un Estado fallido de verdad no tiene una tasa de mortalidad infantil más baja que la de Estados Unidos. No forma médicos que salvan vidas en todo el mundo. No mantiene un sistema educativo universal, una ciencia propia — con vacunas incluidas — y una cultura vibrante. Lo que el imperio llama Estado fallido es, en realidad, un Estado agredido que se niega a morir. Esa es la verdad incómoda. Y esa es, precisamente, la razón de la furia imperial. Cuba en realidad no fracasa. Cuba insiste. Y esa insistencia es intolerable.

¿Qué opciones le han dejado a Cuba?

Analizadas las coordenadas del asedio, la pregunta se vuelve ineludible, ¿qué opciones tiene en verdad la conducción política cubana? O para ser más preciso: ¿qué opciones le han dejado?

La primera es la negociación en condiciones de asfixia.

Es la que recomiendan los bienintencionados, los que quieren que Cuba dialogue y negocie con los Estados Unidos. Pero negociar con un imperio que tiene el pie en tu cuello no es diálogo, puede ser rendición condicionada. Cuba ha demostrado voluntad de diálogo histórico en múltiples momentos, pero siempre desde posiciones de dignidad. Sentarse hoy a negociar sin haber roto antes el cerco energético y financiero es aceptar la negociación del ahogado, aceptar cualquier cláusula por una bocanada de aire. El resultado sería una normalización que equivaldría a la liquidación del proyecto revolucionario por goteo, como ocurrió en Europa del Este tras la caída del muro, pero con el agravante de tener al imperio a 90 millas.

La segunda opción es la resistencia heroica pero solitaria.

Es la que Cuba ha practicado durante décadas: innovar, resistir, buscar rendijas, diversificar relaciones. Pero esa opción, que fue viable cuando existía un campo socialista dispuesto a sostener el flujo de recursos, hoy se enfrenta a un límite material concreto. La resistencia heroica sin retaguardia se convierte, con el tiempo, en resistencia agónica. No porque el pueblo cubano haya perdido la voluntad, sino porque la voluntad sola no mueve turbinas ni llena estantes.

La tercera opción es la que el imperio diseña como escenario deseado: la implosión.

El estallido inducido por la acumulación de sufrimiento, amplificado por las redes de oposición financiadas desde el exterior, que permita una intervención humanitaria o una transición pactada. Esta no es una opción para Cuba; es la trampa que se le tiende.

La cuarta, la única que cambiaría en verdad el tablero, no depende de Cuba.

Depende de que quienes dicen apoyarla pasen de las palabras a los hechos. Depende de que envíen el petróleo necesario, de que pongan los buques, de que escolten los suministros, de que rompan el cerco financiero con mecanismos concretos. Depende de que pregunten a Cuba qué hay que hacer y lo hagan.

No hay más metáforas. Es el petróleo o la asfixia. Son los buques o el bloqueo. Es la acción o la complicidad.

Las lecciones de la historia que el mundo prefiere olvidar

El olvido no es pasivo. El olvido es un acto: la represión activa de aquello que, si fuera recordado, obligaría a actuar de otra manera. La comunidad internacional olvida a conveniencia los paralelismos históricos, porque recordarlos haría insostenible la postura actual.

En 1941, los tanques alemanes estaban a las puertas de Moscú. ¿Cuánto tiempo estuvieron sin reaccionar? ¿Cómo saben que no irán luego por ustedes? Hoy, nadie parece entender que la retaguardia cubana es la retaguardia del mundo entero. Algunos quizás la ven como un cadáver político adelantado y se comportan en consecuencia.

Durante décadas, los Estados Unidos sostuvo al régimen de Chiang Kai-shek en Taiwán con dinero, armas y flota naval, incluso cuando era evidente su derrota en la guerra civil China. Lo hicieron porque Taiwán era un portaaviones estratégico contra la China popular. Es decir, el imperio sostiene a sus aliados hasta el final, porque entiende que la fidelidad a los suyos es una condición de su propio poder. Pero los aliados de Cuba hacen lo contrario: la abandonan cuando el costo político de sostenerla supera el beneficio de no hacerlo.

La República española es el recuerdo más exacto de la situación que hoy vive Cuba. Luchaba contra el fascismo, pero las democracias occidentales — Francia y Reino Unido, principalmente — firmaron el Comité de No Intervención mientras Alemania e Italia enviaban tropas, aviones y artillería a las fuerzas de Franco. Estados Unidos por su parte, promovió el embargo de armas. La no intervención fue el nombre elegante para la complicidad. La República fue abandonada, asfixiada y finalmente derrotada.

¿El resultado? Cuarenta años de dictadura franquista. Pero el mundo pagó además un precio mayor, la impunidad con que triunfó el fascismo en España alentó al nazismo en tanto reforzó la impunidad fascista y contribuyó al inicio de la Segunda Guerra Mundial. El abandono de la República no fue inintencional; fue una decisión con consecuencias históricas catastróficas. Hoy algunos gobiernos progresistas practican la misma no intervención frente a Cuba, mientras el imperio ejerce su intervención permanente a través del bloqueo. No hay lección aprendida. El olvido es productivo y permite repetir.

Lo que el imperio olvida: los pueblos no se rinden

Y sin embargo, frente a este panorama desolador, existe un contrapunto que el análisis geopolítico clásico tiende a subestimar. Cuba cuenta con algo que ningún bloqueo puede estrangular del todo: cuenta con los pueblos del mundo más que con los Estados. Con los movimientos de solidaridad que en cada país se reúnen, organizan y preparan envíos de ayuda. Con la memoria viva de millones de personas que saben lo que Cuba ha dado al mundo y no están dispuestas a permitir que sea reducida a escombros en silencio.

Los Estados calculan, miden costos, evalúan riesgos, sopesan sanciones. Los pueblos, cuando están organizados y conscientes, actúan por convicción.

La solidaridad interestatal es frágil porque depende de gobiernos, de ciclos electorales, de alianzas cambiantes, alianzas que hoy están muertas. La solidaridad de los pueblos es más lenta, más difícil de articular, pero cuando se activa es diferente: no puede ser sancionada por el FMI ni coaccionada por la OTAN.

No hay otro país en el mundo que tenga una red de movimientos de solidaridad tan extendida, persistente y arraigada en múltiples generaciones como Cuba. Ese tejido humano es un activo estratégico que no aparece en ningún balance convencional.

La diáspora como quinta columna inversa

Hay un factor que el Pentágono parece ignorar, quizás porque no entra en sus modelos de análisis: la composición demográfica de la emigración cubana en Estados Unidos ha cambiado mucho en las últimas décadas. Los cubanos de Miami en los años sesenta eran la élite blanca que huyó de la revolución, propietarios expropiados, profesionales de clase alta, figuras del antiguo régimen batistiano. Eran el lobby más feroz contra la revolución, el motor del bloqueo, la base social del exilio duro.

Hoy la mayoría de los cubanos en los Estados Unidos son emigrantes económicos de las últimas décadas, llegados en balsas o por terceros países, con familia en la isla, con vínculos afectivos y culturales intactos, con una visión mucho más matizada de la realidad cubana.

Si el imperio osara invadir, las bombas caerían sobre sus pueblos, sobre sus abuelas, sobre sus hermanos. ¿De verdad alguien cree que los miles de cubanoamericanos — sus hijos y sus nietos — recibirían esa guerra con entusiasmo?

El cálculo político es el inverso: lo que el imperio tendría no es una retaguardia en Miami, sino una quinta columna dentro de sus propias fronteras, una comunidad dispuesta a rebelarse desde adentro del Amo.

Eso es lo que el análisis puramente institucional no puede ver, porque trabaja con categorías frías, alianzas, intereses y recursos. Lo que escapa a esas categorías es la dimensión libidinal de la política: el amor, el duelo, la pertenencia. Un pueblo no es una variable geopolítica. Un pueblo tiene madre. Y cuando las bombas caen sobre la madre, el cálculo racional se disuelve en algo más antiguo y poderoso.

Irán y Vietnam: lecciones de la resistencia asimétrica

La heroica resistencia de Irán frente al imperialismo nos ha mostrado el camino: donde caiga alguien, aparecerán cien dispuestos a empuñar las armas y defender a la patria. No es retórica, es la descripción de una sociedad que ha interiorizado la defensa de la nación como valor irrenunciable, que ha hecho de la resistencia una identidad colectiva más fuerte que el miedo.

Cuba tiene ese mismo ADN: es una nación en armas no por conscripción forzosa, sino por la conciencia histórica acumulada en sesenta y cinco años de asedio.

Vietnam enseñó que una guerra no se decide únicamente en el plano militar.

La Ofensiva del Tet de 1968 fue una derrota táctica para el Viet Cong y el ejército de Vietnam del Norte, que sufrieron enormes pérdidas y no lograron sostener las posiciones tomadas. Pero fue una victoria política estratégica: demostró que podían atacar en cualquier punto del país, incluso en los centros del poder sudvietnamita, y quebró la narrativa de Washington de que la guerra estaba cerca de ganarse. A partir de entonces, la confianza de la sociedad estadounidense en la guerra comenzó a desmoronarse. La guerra no se gana ocupando territorio; se gana desgastando la voluntad política del invasor. Y esa voluntad, en las democracias liberales con opinión pública y elecciones periódicas, tiene un límite medible en ataúdes y en puntos de aprobación presidencial. Cuba, con su geografía compleja, con su población preparada durante décadas de defensa territorial, podría reproducir ese escenario.

Una invasión a Cuba no sería la operación quirúrgica de Granada ni el paseo de Panamá. Sería un atolladero sangriento y prolongado, que duraría años y costaría miles de vidas estadounidenses.

La paradoja del aislamiento preventivo, morir solo para no morir juntos

Llegados a este punto, debemos interrogar el mecanismo profundo que lleva a las potencias que deberían disputar el orden unipolar a abandonar a Cuba. La respuesta superficial es el cálculo de costos: sostener a Cuba tiene un precio en términos de sanciones secundarias, de tensión con Washington, de riesgo comercial. Pero esa explicación es insuficiente, porque el abandono no es solo racional, tiene una dimensión de satisfacción, de alivio, que quizás solo el psicoanálisis puede iluminar.

Existe en la política internacional algo análogo a lo que Freud describió como pulsión de muerte en el individuo: la tendencia a la autodestrucción, al retorno a un estado de quietud que se alcanza a costa de la vida misma.

Los actores que abandonan a Cuba no solo están calculando sus intereses; están también, de alguna manera, renunciando a su propio deseo de transformación. El abandono de Cuba es la renuncia a la posibilidad de otro mundo. Es la aceptación, en el fondo, de que el orden del Amo es el único orden posible, de que el capitalismo global es el horizonte insuperable de la historia.

Hay en esa renuncia algo de lo que Marcuse llamó la desublimación represiva, que es la integración del sujeto en el sistema a través de la promesa de pequeñas satisfacciones que neutralizan el impulso radical. Los gobiernos progresistas latinoamericanos, las potencias del BRICS, los partidos de izquierda europeos, las organizaciones solidarias que hoy miran para otro lado: todos han encontrado, de una manera u otra, su nicho dentro del orden. Han obtenido su cuota de reconocimiento, su espacio de cómoda disidencia, sus gestos permitidos. Y en ese proceso, han dejado de ver a Cuba como un espejo de lo que podrían ser, para verla entonces como un recordatorio incómodo de lo que han dejado de ser.

Porque Cuba interpela: eso es lo insoportable. No que sea un fracaso, sino que sea una pregunta permanente, dirigida a todos los que, en algún momento, creyeron que otro mundo era posible y luego decidieron que era demasiado costoso. Cuba les pregunta: ¿en qué momento exacto decidiste que la normalidad capitalista era preferible a la lucha? ¿En qué momento exacto entregaste el deseo? Esa pregunta es la razón profunda del bloqueo y del abandono.

Al abandonar a Cuba, no están evitando su propio final; solo lo están aplazando y asegurándose de que, cuando llegue, se encuentren en la más absoluta soledad. Están cavando su propia tumba con la excusa de no mancharse las manos con la tierra de la tumba de Cuba. Porque el que elige salvarse a sí mismo en una tormenta colectiva termina aislado y luego sometido. El Amo, una vez que termina con el hermano, no firma la paz con los que miraron, los incorpora a la lista de los siguientes. Siempre necesita nuevas víctimas para legitimar su existencia.

La solidaridad como necesidad estratégica y acto de dignidad

Lo que hemos presenciado en este análisis no es una serie de errores tácticos aislados, sino una profunda crisis de conciencia geopolítica y moral en el progresismo global. Se ha perdido la noción de que la solidaridad no es un lujo moral reservado para los tiempos buenos, es una necesidad estratégica y, al mismo tiempo, la definición misma de lo que significa pertenecer a un proyecto político que aspira a algo más que la administración del orden existente.

Cuba no es solo Cuba: es la demostración viva de que es posible resistir durante décadas el asedio del poder más grande del mundo y mantener en pie un sistema de salud universal, una educación gratuita, una cultura propia, una dignidad irrenunciable.

Eso no prueba que el modelo cubano sea perfecto: prueba que la alternativa al capitalismo global no es el caos ni el fracaso automático, sino que es posible y vale la pena construir algo diferente e incluso hermoso. Al destruir a Cuba, el imperio no está eliminando una amenaza militar, está eliminando una prueba, está borrando un ejemplo. Pretende demostrar que fuera de la normalidad capitalista no hay vida posible.

Los que entregan a Cuba se entregan a sí mismos. No como metáfora, sino en el orden estratégico. Un orden mundial que dice llamarse multipolar, pero no protege a sus miembros más vulnerables cuando el Amo aprieta, no es un orden alternativo, es una extensión descentralizada del mismo dominio, un sistema donde la multipolaridad es la forma decorativa de la unipolaridad efectiva. Al traicionar a Cuba le dicen al Sur Global: «si no tienes petróleo o una posición geográfica vital para nosotros, no esperes nada». Eso, a largo plazo, los priva de aliados auténticos y los deja en un mundo donde solo importa la fuerza bruta: un mundo donde ellos también, aunque grandes, son vulnerables.

Cuando el imperio mira a Cuba, ve una isla pequeña que puede bloquear y asfixiar casi sin consecuencias. Lo que no ve — o lo que no quiere ver — es que esa isla es un volcán dormido sobre una falla tectónica global.

Cuba no es solo su geografía, es su historia, es su ejemplo, es el sueño de millones de personas que en algún rincón del mundo todavía creen que otro mundo es posible. Y mientras ese sueño exista, mientras haya un pueblo que lo encarne con su resistencia cotidiana, el orden del Amo no estará completo. Siempre habrá una grieta. Siempre habrá una pregunta sin responder.

Si algún día el imperio olvida Vietnam, olvida Irán, olvida que los pueblos no se rinden y se atreve a invadir la isla, descubrirá que la guerra no se gana con portaaviones. Se gana con la capacidad de un pueblo para decir «no» aunque le cueste la vida. Y ese «no» de Cuba, multiplicado por millones dentro y fuera de la isla, será su tumba.

Mientras tanto, la batalla es otra. Es la batalla por la vida cotidiana, por la luz, por la comida, por la esperanza. Y en esa batalla, los pueblos del mundo tienen la palabra. No para reemplazar a los Estados, sino para obligarlos a actuar. Para recordarles que la historia juzga. Que el juicio sobre los que abandonaron a la República española fue severo y permanente.

Que el silencio, cuando puede romperse, es una decisión. Y que las decisiones tienen consecuencias.

Cuba pide acciones concretas: el petróleo necesario, los buques, la custodia, la ruptura del cerco financiero, la protección del espacio marítimo, la presión real en los organismos internacionales. Pide que quienes dicen apoyarla pregunten qué hay que hacer y lo hagan. No es una petición de caridad, es una exigencia de coherencia. Basta de declaraciones. Basta de mensajes de apoyo que funcionan como coartada para la inacción.

La pregunta final no es para Cuba. Cuba ya ha dado su respuesta con 67 años de Revolución. La pregunta es para el mundo. Para los que dicen querer otro orden.

Para los que firmaron declaraciones y enviaron mensajes. Para los que tienen petróleo y buques, pero no los envían, o votos relevantes en la ONU que solo emplean para abstenerse.

¿De qué lado estás? ¿Del lado de los que esperan a que los Estados se decidan, o del lado de los que ya están actuando? ¿Del lado de los que envían mensajes de apoyo, o del lado de los que envían los buques y deciden enfrentarse de una vez a los designios del Imperialismo?

domingo, 18 de mayo de 2025

Bolivia y el "teatro de operaciones" revolucionarias

La División del MAS en Bolivia y el Panorama Electoral 2025: Un Análisis Crítico


Por Gustavo Paredes (Integrante de la UBP Chile)

La gran marcha hacia La Paz del movimiento campesino y popular, el pasado 15 y 16 de mayo, para exigir la inscripción democrática del candidato Evo Morales Aima y los intentos por parte del gobierno de frenar con represión la movilización, marca definitivamente el fraccionamiento del movimiento popular boliviano.

La Fractura del Partido Hegemónico

El Movimiento al Socialismo (MAS), que dominó la política boliviana durante casi dos décadas, enfrenta su crisis más profunda desde su fundación. Lo que comenzó como tensiones entre el expresidente Evo Morales y su sucesor Luis Arce se ha convertido en una fractura irreparable que redefine el panorama político boliviano a menos de tres meses de las elecciones presidenciales del 17 de agosto de 2025. Este análisis examina:

1. Las causas y manifestaciones de la división dentro del MAS

2. Las estrategias políticas de Arce y Evo Morales

3. La reconfiguración del espectro político entre izquierda y derecha

4. Los probables escenarios electorales y sus implicaciones


I. La División del MAS: De la Unidad a la Guerra Fratricida


El Movimiento Al Socialismo (MAS), que gobernó Bolivia ininterrumpidamente desde 2006 hasta 2019 y retornó en 2020, ha experimentado una división progresiva que hoy se manifiesta en tres facciones irreconciliables:

a) Los evistas: Leales a Evo Morales, concentrados en el Chapare cochabambino y sectores campesinos. Morales, inhabilitado producto de las reformas constitucionales efectuadas en el gobierno de Arce, para postularse (por el límite de dos mandatos), insiste en ser candidato mediante un partido "prestado" . Su base se mantiene firme, orgánicamente activa pero reducida geográficamente.

b) Los arcistas: Seguidores del presidente Luis Arce, quien controla el aparato estatal pero ha visto desplomarse su popularidad (1% en encuestas) debido a la crisis económica . Arce inicialmente buscó la reelección pero declinó el 13 de mayo de 2025, llamando a la unidad de la izquierda .

c) Los androniquistas: Agrupados alrededor del presidente del Senado Andrónico Rodríguez, ex-aliado de Morales y ahora candidato independiente que busca capitalizar el descontento con ambos líderes.

Las tres posturas, definidas como de izquierda y "continuadoras" de la revolución boliviana propugnaba originalmente por el Movimiento al Socialismo, mantiene los siguientes puntos críticos que acentúan la división:

- El Control del partido: Morales fue desplazado de la dirección del MAS en noviembre 2024 por Grover García, aliado de Arce...

- La disputa ministerial: Morales exigía la renuncia de figuras como Eduardo Del Castillo (ahora candidato oficialista presidencial del MAS) 

- Y la ruptura sindical: La Csutcb (central campesina) se dividió en dos facciones antagónicas pro-Arce y pro-Morales.


II. Estrategias Políticas en Conflicto


El Gobierno de Arce, surgido posteriormente al golpe de estado que derrocó al candidato del MAS a la Reelección Evo Morales, ganador de las elecciones que posteriormente fueron declaradas como "fraude" por la oposición derechista y por Almagro, cuando el gobierno del mismo Morales pidió y permitió a la OEA, pronunciarse por la legalidad de la elección, fue virando hacia el centro político durante el actual gobierno, el que desarrolló la siguiente estrategia electoral:

- Estrategia inicial: Mantener el control del Estado y del MAS mediante aparatos jurídicos y electorales. 

- Cambio de rumbo: Al ver su impopularidad, Arce renunció a su candidatura y propuso un frente unido de izquierda "progresista", buscando evitar una derrota electoral que beneficie a la derecha.

- Discurso: Enfatiza la defensa del "Proceso de Cambio" y alerta sobre un retorno de la "derecha neoliberal".


En cambio, Evo Morales que regresó al país después de su exilio, denunciando los planes del imperialismo y la derecha boliviana para terminar con la revolución indígena, sumado a la renuncia del oficialismo para seguir avanzando hacia posiciones más revolucionarias y de confrontación a la hegemonía norteamericana en la región, desarrolló un proceso político con las siguientes fases:

- Persistencia electoral: A pesar de su inhabilitación legal (vía reforma constitucional), insiste en postular a la presidencia  como candidato del pueblo, movilizando bases sociales mediante protestas y marchas. 

- Narrativa: Acusa a Arce de traicionar los ideales originales del MAS y aliarse con la derecha boliviana.

- Base social: Mantiene apoyo en federaciones cocaleras y algunas organizaciones indígenas, aunque más reducido que en su apogeo de los años iniciales de gobierno y la Revolución.


Por último, Andrónico Rodríguez desde el oficialismo, se posicionó lentamente en las esferas de gobierno, creando una base política "alternativa" en torno a:

- El posicionamiento interno: Busca presentarse como alternativa de izquierda renovada dentro del campo popular, distanciándose tanto de Evo Morales como de Luis Arce. 

- Asumir el desafío: Necesita consolidar una base electoral propia y encontrar un partido que lo auspicie.


III. La Derecha Boliviana: Oportunidad en la Crisis


La fragmentación del MAS ha revitalizado a una derecha que parecía marginalizada, que dividida en facciones locales como la cruceña, propugnaba propuestas disimiles que a pesar del control de sus medios comunicativos empresariales, no lograban articular opciones atractivas para las mayorías bolivianas. La derecha boliviana ha combinado vías institucionales (elecciones, judicialización) con tácticas de confrontación (protestas, medios). Sin embargo, su principal desafío sigue siendo la unidad y ofrecer un proyecto creíble. El MAS, pese a sus crisis, mantiene base social, lo que hace incierto el éxito opositor en 2025:


Principales actores:

- Manfred Reyes Villa (APB Súmate): Lidera encuestas con 19% de intención de voto 

- Chi Hyun Chung (MNR): Candidato conservador con fuerte discurso religioso (18% en encuestas) 

- Samuel Doria Medina (UN) y Jorge Quiroga (FRI): Figuras tradicionales con 12% y 11% respectivamente 

Ventajas comparativas:

- Unidad relativa: Han logrado cierta coordinación contra el MAS, aunque sin candidato único 

- Contexto favorable: Crisis económica (inflación del 15%, escasez de dólares) y desgaste del oficialismo 

- Fragmentación izquierdista: El voto anti-MAS no se divide tanto como el oficialista 

Debilidades:

- Falta de programa coherente: Más unidos por el anti-masismo que por propuestas concretas.

- Historia conflictiva: Algunos líderes se encuentran asociados a episodios políticos polémicos previos. 


IV. Escenarios Electorales: Tesis sobre los Probables Resultados


Hipótesis principal de acuerdo a la coyuntura política actual:

- Las elecciones de 2025 marcarán el fin del ciclo hegemónico del MAS, con alta probabilidad de victoria de un candidato de centroderecha, aunque en un escenario de gran fragmentación que podría llevar a segunda vuelta por primera vez en la historia democrática reciente de Bolivia.

Argumentos que deben considerarse para contrastar la hipotesis principal:

1. Matemática electoral: La suma de votos de las tres facciones masistas (Arce, Morales, Rodríguez) difícilmente alcanzaría el 30%, muy lejos del 50% necesario para evitar segunda vuelta.

2. Crisis económica: El deterioro de reservas internacionales bolivianas, la inflación y desabastecimiento han erosionado la principal ventaja histórica del MAS: su gestión económica.

3. Fatiga política: 17 años de dominio masista han generado desgaste, especialmente en áreas urbanas.

4. Efecto "voto útil": En segunda vuelta, los votantes anti-MAS probablemente se unirían detrás del candidato opositor mejor posicionado.


Escenarios posibles:


a) Victoria derechista en primera vuelta (40-45%): Si un candidato como Reyes Villa logra capitalizar el descontento y la fragmentación izquierdista es extrema.

b) Segunda vuelta con triunfo opositor: El escenario más probable según los analistas occidentales, donde el candidato oficialista (probablemente Rodríguez) sería derrotado en balotaje .

c) Sorpresa evista: Improbable para los analistas indicados, pero no imposible si Evo Morales logra reagrupar el voto duro indígena-campesino y la derecha se divide excesivamente.


Factores salvajes:

- Posible inhabilitación última de Morales por vía judicial.

- Reacción de las bases masistas ante una derrota inminente.

- Papel de las Fuerzas Armadas tras el intento de golpe de junio 2024, reforzado por recursos destinados a la división interna castrense, con intento de salida militarista a la crisis. 


Fin de un Ciclo, Inicio de Otro nuevo.

Las elecciones de 2025 probablemente marcarán un punto de inflexión en la política boliviana. El MAS, que supo articular las demandas indígenas y populares como ningún otro partido, sucumbió a sus contradicciones internas, al personalismo y a la incapacidad de renovarse. La derecha, aunque fragmentada, llega fortalecida a estos comicios, pero enfrenta el desafío de gobernar un país profundamente transformado por el "proceso de cambios". Bolivia se encamina hacia un nuevo ciclo político, pero su rumbo final dependerá de la capacidad de las fuerzas emergentes para ofrecer soluciones a una ciudadanía, hastiada últimamente, de crisis y confrontación política interna.

Finalmente, para que la izquierda boliviana pueda recuperar el control del gobierno, debe considerar una estrategia integral que combine la movilización social, la renovación política y una propuesta clara que responda a las demandas actuales del pueblo. Aquí hay algunas acciones claves, a la hora de considerar acciones para salir de la crisis interna:

Partir buscando la Unidad y Reorganización Interna, evitando las divisiones y consolidar una alianza amplia entre movimientos sociales, sindicatos, partidos progresistas y movimientos indígenas, junto con renovar los liderazgos, incorporando nuevas figuras con carisma como la de Evo, con legitimidad y conexión con las bases. Debe abocarse a la tarea de recuperar la Confianza Popular reconociendo sus errores pasados (actos de corrupción, rasgos autoritarios como los actuales del gobierno masista, distanciamiento de las bases sociales) y recuperar el discurso de lucha contra la desigualdad y la defensa de la soberanía, sin caer en polarizaciones estériles, junto con proponer mecanismos transparentes de acción gubernativa y rendición de cuentas.

Es necesaria una re-conexión con las Demandas Actuales, presentando soluciones concretas a problemas urgentes: crisis económica, desempleo, inseguridad y acceso a servicios básicos; incluir temas emergentes para la juventud, derechos digitales y el medio ambiente (sin abandonar la defensa de los recursos naturales y la soberanía).  

Como lo ha venido haciendo "Evo es Pueblo", se debe retomar la movilización con la Base Social y rearticular el vínculo con organizaciones sociales urbanas y rurales, hoy fragmentadas... recuperando la calle con propuestas de lucha, pero evitando el confrontación violenta.  

Debe construir una Estrategia Electoral y Comunicación con una narrativa clara, que diferencie a la izquierda de la derecha y la centroderecha, sin caer en discursos anacrónicos; usar redes sociales y medios alternativos para llegar a jóvenes y sectores urbanos.  

La Defensa Democrática del proceso político actual requiere denunciar cualquier intento de retroceso en derechos sociales o represión, pero sin adoptar posturas que alienen a sectores moderados; en suma, la izquierda debe reinventarse sin perder sus principios transformadores, combinando la experiencia de las luchas históricas con una mirada fresca hacia el futuro. Solo así podrá volver a ser una alternativa real para Bolivia.

miércoles, 5 de febrero de 2025

4F Operación Zamora

 *Los invisibles de la Operación Zamora*


Operación Zamora es el nombre de la insurrección cívico-militar ocurrida el 4 de febrero de 1992, bautizada de esta manera como homenaje a Ezequiel Zamora, el General del Pueblo Soberano y líder de la Guerra Federal. Zamora, junto a Simón Bolívar y Simón Rodríguez, inspiraron la fundación del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), organización responsable de la ejecución de esta rebelión.


Han transcurrido 33 años desde que apareció en las pantallas de los televisores, un militar con boina roja, desconocido hasta ese momento, diciendo: “Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital… yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano… vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor”, frases cargadas de esperanza que, junto al rostro mestizo del hombre que las pronunció quedaron tatuadas en la memoria del pueblo, pero en esa memoria faltan muchos datos, algunos relacionados con la Operación Zamora.


Se incorporan los invisibles (civiles)


Mientras se encontraba entre las labores del campo y la reflexión política, Kléber Ramírez, quien había sido dirigente estudiantil de la UCV, miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), organización guerrillera que combatió contra los gobiernos de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera, fundador del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), intelectual e ideólogo de la izquierda, además de profesor de la Universidad de Los Andes (ULA), un día del año 1990 se encontró con el teniente coronel Arias Cárdenas, quien sería uno de los líderes de la Operación Zamora. Intercambiaron ideas, opiniones y propuestas que generaron una relación política de mucha confianza.


Sobre sus contactos y reuniones con Arias Cárdenas, Ramírez narra en su libro Historia documental del 4 de febrero: “Terminé mi libro Venezuela, la IV República, del cual, aún en borrador, le entregué una copia al comandante Arias Cárdenas para obtener sus observaciones, a la vez que le expliqué mi concepción del Estado venezolano y del proyecto que de allí surgía. A partir de ese momento mis contactos con Arias Cárdenas fueron fluidos. El libro salió de la imprenta en agosto de 1991 y aproveché el hecho de su presentación en diferentes ciudades del país, para establecer contactos e ir preparando la participación civil en la insurrección que se gestaba, precisamente para que el movimiento no se quedara en un simple golpe militar.”


Prosigue Kléber: “No hubo tiempo de consolidar las posiciones civiles, porque si militarmente se estaba trabajando desde hacía ocho años, en el campo civil se trabajó escasos ocho meses. En este sector había mucha reticencia; esto imposibilitó que en ese breve tiempo hubiéramos podido construir estructuras para participar mancomunada y decididamente en la acción”.

Yoel Acosta Chirinos, teniente coronel participante en el movimiento militar, dice acerca de los aportes de los civiles a la rebelión: “Unos pensadores convocados por Arias: Luis Cipriano Rodríguez, Kléber Ramírez, Núñez Tenorio, Pedro Duno, entre otros, dieron forma a la base teórica y al programa de la democracia participativa y protagónica”.


Baltazar Ojeda Negretti. Comandante Elías, legendario guerrillero que participó en la toma de la base aérea Francisco de Miranda (La Carlota) el 4F.

La desconfianza


A pesar de que históricamente ha existido en Venezuela vinculación de miembros de la Fuerza Armada con los movimientos de izquierda, hecho demostrado en los alzamientos como El Carupanazo, El Porteñazo (insurrecciones militares contra el gobierno de Rómulo Betancourt), la participación de Manuel Ponte Rodríguez, en las FALN, las organizaciones de izquierda y los militantes revolucionarios cuando se les planteó, a finales de 1991, incluso la misma tarde del 3 de febrero de 1992, la necesidad de incorporarse a una insurrección armada que preparaban oficiales del Ejército, muchos se negaron, otros se acercaron con dudas pero al final se incorporaron.


Róger Bastardo, militante de la Corriente Histórico Social (CHS), narra que la tarde del 3 de febrero se presentó en la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela (UCV) Carlos Lanz, líder de CHS y veterano militante revolucionario; este convocó a una reunión de emergencia en la Escuela de Filosofía a la que asistieron: Luis Villafaña, Edgar Pérez (El Gordo), el mismo Bastardo, entre otros, y luego de una larga discusión por la desconfianza que generaba articular cualquier acción con miembros de las Fuerzas Armadas Nacionales que habían masacrado al pueblo hacía apenas dos años, Lanz logra convencer a los asistentes con el argumento de que Kléber Ramírez era el enlace con los militares.


Las armas no llegaron


La misión de este grupo consistía en controlar la Redoma de La India, en La Vega, y neutralizar un comando de la Disip (policía política de la cuarta república) que quedaba en Montalbán; la operación no pudo ejecutarse porque las armas que debieron recibir no llegaron.


Algo similar ocurrió en el 23 de Enero; los miembros de la Coordinadora Simón Bolívar, Juan Contreras, Freddy Parra y Albert Reverón, tenían conocimiento de la actividad que se desarrollaría en la madrugada del 4 de febrero, la misión de los militantes de la Coordinadora, cosa que ya habían hecho en innumerables ocasiones, era controlar la avenida Sucre, corredor que permitía comunicar al Palacio de Miraflores con los barrios del oeste de Caracas y a su vez impediría la llegada de la Marina, que no participaba de la insurrección.


Según lo acordado con la dirección de la Operación Zamora, los líderes de la Coordinadora Simón Bolívar debían presentarse en el Museo Histórico Militar, hoy Cuartel de la Montaña, donde recibirían las armas. Parra, Contreras y Reverón se presentaron: “Somos los lanceros de Páez”, diciendo el santo y seña que les abriría el paso al comandante de ese lugar, pero los centinelas no les permitieron comunicarse con el teniente coronel que desde el Museo comandaba la operación de la toma de Caracas.


Experiencia guerrillera


Carlos Mejías, veterano combatiente revolucionario, miembro del Frente Guerrillero José Leonardo Chirino, que estuvo combatiendo en las montañas de Lara, Yaracuy y Falcón y en la guerrilla urbana en Caracas y otras ciudades de Venezuela, en ambos frentes bajo las órdenes de Baltazar Ojeda Negretti, relata: “La gente del MEP no tenía experiencia militar, por eso me buscan y me nombran responsable militar de un grupo llamado Simón Bolívar, entonces convoco a Baltazar y él convoca a varios combatientes, entre ellos a un capitán retirado de la aviación de apellido Brito y se involucran en el movimiento”.


Prosigue Mejías: “La última reunión donde estuve con Chávez fue en San Antonio de los Altos, el hombre pide apoyo para poder controlar la ciudad porque no tenían suficiente personal, entonces me voy para el 23 de Enero y busco a Juan Contreras, voy con Kléber Ramírez, conversamos con Juan y él se incorpora, la misión de su gente era controlar la avenida Sucre, así fui haciendo contactos y coordinando la participación de civiles. Las operaciones militares de ese día requerían mucha gente y como La Carlota es muy grande, nosotros nos fuimos para allá, el asalto lo comandó Yoel Acosta Chirinos, que era teniente coronel, comandante del Batallón de Paracaidistas José Leonardo Chirino, de Maracay. Los civiles, entre los que estaba Baltazar, éramos un grupo de 30 personas que nos apostamos en el estacionamiento del CCCT, un poquitico antes de las 12 observamos el inicio de la operación y de inmediato procedimos a tomar la entrada principal de la base aérea; como Baltazar había sido mi comandante en la montaña y en la guerrilla urbana, yo le tenía mucho respeto, él terminó dirigiendo la operación. Logramos tomar la entrada sin hacer un solo disparo, ahí quedamos tres personas, Baltazar se fue con un grupo para la comandancia, fueron llegando oficiales leales al gobierno y nosotros los íbamos poniendo presos, incluso detuvimos al comandante general de la aviación Eutimio Fuguet Borregales, pero de eso nos enteramos después porque no lo conocíamos, los desarmamos y los subimos a un autobús que llenamos de puros oficiales presos. Baltazar detectó a unos oficiales que estaban escondidos en un sótano y decidió sacarlos con gas lacrimógeno, también los rendimos a todos, logramos tener el control de la mayor parte de la base”.


“Habíamos perdido las comunicaciones con el resto de los participantes en la rebelión. No sabíamos lo que estaba pasando en el resto de la ciudad, la toma del Palacio (Miraflores) había fracasado pero no lo sabíamos, de pronto observamos una columna de tanques que venía por la autopista y le pregunto a Yoel Acosta Chirinos, que era el jefe de nuestra comandancia, si esos tanques eran nuestros; el hombre me dice que no sabe porque no se ha podido comunicar con nadie, eran casi las 6 de la mañana”, cuenta Mejías.


“Nos vamos para la prevención y llega un general en un tanque y un teniente rebelde que está a mi lado me dice que en el movimiento no hay generales, que el grado más alto es teniente coronel, los tanques entran sin resistencia a la pista, más atrás venía una columna de carros de combate pero nadie les dispara, al rato se prendió el tiroteo, hubo plomo de todos los calibres, la Operación Zamora había fracasado”.


“En un momento llamo a Baltazar y le digo que debemos retirarnos y el hombre se molesta y me dice ‘¡¿Estás cagao?, yo me quedo!’. Yo me retiré con un grupo que se había incorporado que venía de El Cementerio, monté a la gente en varios carros y yo me fui de último. Logré retirarme con unas armas que luego se emplearon en el alzamiento del 27 de noviembre”.


También en Carabobo


Estudiantes de la Universidad de Carabobo (UC) y del Tecnológico de La Manguita en Valencia, también participaron en la Operación Zamora, allí cayeron asesinados a manos de la policía de ese estado gobernado por Enrique Salas Römer: Gilberto Peña, estudiante del entonces Tecnológico de La Manguita; Columba Guadalupe Rivas Bracho, Ángel Alberto Ruiz y José Hildemaro Zerpa Miota, estudiantes de la UC.


Con las botas puestas


El 7 de septiembre de 1992, en el aeropuerto La Chinita, en el estado Zulia, cae en combate Baltazar Ojeda Negretti, comandante Elías, mientras trataba de tomar una aeronave para liberar, porque estaba preso en la cárcel de Yare, al líder de la Operación Zamora, al oficial de la boina roja, al mismo que había dicho “Por ahora”, recuperando para el pueblo la esperanza perdida, al que dejó de ser un desconocido para convertirse para siempre en el Comandante Chávez.


Seis años, 10 meses y 2 días después del 4 de febrero de 1992, vinieron nuevas situaciones y el país tomo el rumbó definitivamente hacia un destino mejor.


Jesús Arteaga

miércoles, 22 de enero de 2025

Imperialismo y la Paz

 ¿UN NEO YALTA EN MARCHA?


Por Richard González 


Es evidente la perdida de hegemonía de los EEUU, razón de porque consiente del hecho histórico, Trump plantea la necesidad de volver hacer lo que fue, el hegemon del mundo, gendarme, que, para los pueblos, se constituye como el enemigo principal a combatir.

Desde la juramentación, sobre dos biblias, da la significancia del nacionalismo cristiano, razón de su eslogan: “american foreing”, la cual pone en marcha y profundiza la nueva Doctrina de Trump, denominada "The New American Foreing Policy", sobre la cual plantea un nuevo orden, de lo interno a lo externo, lo que ya es de conocimiento público que más de 78 órdenes ejecutivas de Biden fueron revocadas. 

La doctrina anterior dirigida por el globalismo, básicamente por Soros, hoy es derrotado. Tiene que ver con lo de la agenda 2030, la agenda verde, la agenda woke, la agenda globalista, la agenda del financierismo, cuyo fracaso llevó adelante una política de más de ochenta años, donde llevó al imperialismo norteamericano a la condición en que hoy se encuentra en el tablero mundial.

Razón de por que Trump, plantea la necesidad de ser lo que fue de una y entrar a la nueva era de oro, según él bajo su liderazgo... para recuperar su papel, trascendencia y liderazgo, como gendarme en el mundo. Por tanto, requiere recuperar la capacidad económica, industrial, tecnológica, y a la vez, potenciar su fuerza de trabajo, para la cual plantea mover la masa que le serviría como base social para tal fin.

Lo real es que entiende este imperialismo, particularmente Trump, que el mundo se desenvuelve en una tri-polaridad ineludible, razón del por qué se plantea por todas las partes, un nuevo orden mundial, tomando en cuenta esa realidad, por la que llevaría a un nuevo reparto del mundo... hecho que ya está en marcha.

Se sabe que tanto China, como EE. UU, ya estarían en tratativas por medio de interlocutores del mas alto nivel, como muy bien lo señala The wall Steel  journal,  para una reunión con el mandatario actual chino, a fin de entrar a tratativas y negociación, respecto a cómo se determina el reparto del mundo.

  La posición de Trump frente a la guerra en Ucrania es clara, lo ha venido anunciando aun cuando era candidato, una vez llegado al gobierno, entrar a la negociación con Rusia. 

Las condiciones de negociación son en clara derrota, eso está dado, tanto para la OTAN como para su titiritero. 

Para el imperialismo norteamericano, la diplomacia con Rusia respecto a la guerra es su prioridad, dado que su enemigo principal es China... en toda guerra, quien tiene varios frentes de batalla, a la larga será derrotado táctica y o estratégicamente.

Ya los hechos históricos van registrando incluso los movimientos en medio oriente, razón del alto al fuego de Israel contra el pueblo Gazati, y fue una orden expresa del mismo imperialismo Yanki, para detener la guerra. Todos estos hechos, mas las conversaciones de fondo, llevaría a un nuevo YALTA tripolar... lo cual llevaría a una negociación de cómo se reparten el mundo. Es decir, un NUEVO ORDEN MUNDIAL TRIPOLAR, cuya disputa no para, se abre la posibilidad de negociación, ¡sí!, pero de ninguna manera implica la solución definitiva de las contradicciones inter imperialistas del Capitalismo. Ya vemos por ejemplo, la disputa de las rutas marítimas, los ESPACIOS VITALES para los imperialismos como Groenlandia, golfo de México, Canadá, ya vemos el Monroísmo potenciado, se entraría entrando a una mayor intensificación en la disputa en plano económico, guerra comercial, proteccionismo, guerra arancelaria, rutas marítimas, guerra espacial etc., que volvería tiempo mas o tiempo menos, a un posible desenlace de una guerra caliente. 

Todo imperio en los diferentes sistemas, que entra en disputa con el imperio que lo secunda, lo han resuelto por medio de la guerra, para imponerse luego como un solo imperio del mundo... esto en tiempos de imperialismo, no será diferente, además en época del capitalismo imperialista, las guerras son inevitables... 

Está situación solo la puede parar las guerras populares de liberación, bajo la dirección del proletariado, el cual deberá imponer su cosmovisión para una verdadera paz y armonía de la humanidad, cuestión fundamental en aras de preservar nuestra propia especie que se pone en riesgo, esa es la cuestión de fondo al final de cuentas, la acción de los pueblos, la acción organizada de los explotados y oprimidos del mundo para construir un mundo nuevo a su imagen y semejanza.


21/01/2025

jueves, 9 de enero de 2025

La mirada de la traición



La hija predilecta de Bolivar no estará presente en la posesión del presidente bolivariano Maduro...

Por: Rolando Briancón

El presidente de Bolivia -pais que fue la hija predilecta del libertador Simón Bolívar, y país al que representa Luis Arce- está ratificando su razón de ser como el traidor que es. Aunque mostró otra cara para no sólo ganar las elecciones hace más de 4 años atrás; sino para formar parte del bloque de países bolivarianos del ALBA junto a: Venezuela, Perú, Colombia, Perú y Ecuador.

Sin embargo, y duda esa su condición de TRAIDOR que es, hoy se ha excusado de participar en la posesión del presidente Nicolás Maduro el próximo 10 de enero, ¿por qué? "Vaya uno a saber". Es la misma respuesta, como la que Luis Arce dió cuando dijo al periódico "La Jornada" de que era un secreto a voces el caso de estupro que cometió Evo, ratificando que de ser así, se convierte en un encubridor.


Claro que no daremos esa respuesta vaga e imprecisa que dió Luis Arce, pues sabemos cuál es ésa razón, ya que esta inasistencia a la toma de posesión de Nicolás Maduro para este próximo 10 de enero es por la misma razón que tuvo Lula da Silva para no participar de la Cumbre de los BRICS realizada el año pasado, inventando una caída en la que se golpeó su cabeza, pero que en el fondo fue porque la presión de EE.UU., golpeó su cabeza como la espada de Damocles.


En el caso del justificativo que la viceministra Gabriela Alcón dió para justificar la inasistencia de Arce, dijo que se debe a la "agenda muy fuerte" que cumplirá el liwi liwi -en quechua: persona débil- de Luis Arce; "justamente" estos días. Vaya casualidad.


Cabe preguntarse, ¿dónde más contradictoriamente cómico puede resultar la disculpa que dió Alcón, para entender que todo un liwi liwi -debilucho como Lucho - tenga una "agenda muy fuerte"? Pero además hay que preguntarse, ¿desde cuándo Arce tiene una agenda muy fuerte -tomando las palabras de su viceministra Alcón- si es la política del avestruz la que Arce aplica frente a las dificultades?

Lo que sucede con Arce y todos aquellos presidentes, y en algunos casos ex presidentes que han decidido no asistir a la investidura del presidente Maduro, es que tienen como la espada de los estadounidenses sobre sus cabezas; tal cual Damocles tenía sobre su cabeza la espada de Dionisio, un tirano de Siracusa, Sicilia, del siglo IV a.c, quien con esa lección le mostró que se puede estar arrimado al poder, pero que también sobre esa condición pende de un hilo, ya que el rato menos pensado puede caer sobre tu cabeza la espada y decapitarte.


Es por esta razón que resulta incomprensible que Luis Arce, quien hasta hace poco no perdía la oportunidad de mostrarse cercano a Maduro, repentinamente rehuya asistir a su posesión, y la razón de esta rara decisión, es que la misma obedece a la orden dada desde Washington, y siendo el Tilín un triste tribilín, no se podía esperar que esté a la altura de un revolucionario, y menos de un hijo del libertador Simón Bolívar, quién hasta el último de sus días no dejaba de preocuparse de Bolivia diciendo: "Mi pequeña, pero valiente Bolivia, mi hija predilecta, la más aparente débil de mis creaciones, pero grande en sus orígenes de lucha"; algo que Lucho no ha demostrado ni demostrará nunca.

Así que por una parte condenable la cobardía de Luis Arce, pero también entendible; es más, hasta aceptable que así sea, porque cobardes como Arce, es mejor que no estén en un acto que luego lo comprometa a apoyar a Maduro, ya que lo hace de dientes para afuera como hasta hoy ha sido así su acercamiento; es decir como las hienas, sonriendo pero listo para atacar por la espalda por órdenes de los estadounidenses.


Rolando Prudencio Briancon 

Abogado

sábado, 4 de enero de 2025

Organizaciones exigen a Boric Reconocer a Maduro


(360Noticias) 
En una carta entregada en el Palacio de La Moneda, la Internacional Antifascista Capítulo Chile en representación de alrededor de 100 organizaciones sociales, sindicales y políticas y dirigentes/as chilenos, instó al presidente Gabriel Boric a reconocer a Nicolás Maduro como el legítimo presidente de Venezuela. 


En el documento, señalaron que las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 en Venezuela se llevaron a cabo en conformidad con la Constitución y la Ley Electoral, siendo Nicolás Maduro declarado presidente electo tras un proceso democrático avalado por la Corte Suprema Electoral. Incluso el principal candidato opositor, Edmundo González, reconoció públicamente los resultados, y no se ha presentado ninguna impugnación legal que cuestione la validez de los comicios.

martes, 30 de julio de 2024

Dime con quién andas...

Lula y Petro: “Dime con quien andas y te diré quien eres”



 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein 


No escribo con alegría este artículo, más bien lo hago con dolor, pero cuando no se guardan las formas, se deben decir las cosas por su nombre. Los presidentes Lula y Petro decidieron hacerse parte de la agrupación de corifeos que dirigidos por Estados Unidos y la Unión Europea atacan a Venezuela en nombre de ciertos valores liberales que los obligan a rendir cuenta ante el hegemón imperial.

Lula ha sido, sin duda alguna, un gran luchador social que enfrentó a la dictadura que asoló a su país por más de 20 años, pero no es un revolucionario ni ha confrontado el sistema de dominación de su país; al contrario, es parte de él. Su objetivo es producir reformas que mejoren las condiciones de vida de los brasileños sin tocar los intereses de las grandes empresas extranjeros que permanecen en el país. Como se decía a finales del siglo pasado es un social demócrata tradicional al estilo Willy Brandt o Françoise Mitterand, a quienes adora y admira. 

En esa medida, no ha abandonado la idea de fortalecer el subimperialismo brasileño que heredó de sus antecesores intentando construir una integración subordinada. Por eso su esfuerzo de aliar Mercosur e incluso América Latina a Europa. Su operador político en estas lides fue, y es, Celso Amorim, un diplomático de carrera, típico producto de Itamaraty, devenido militante del PT por las circunstancias y los intereses mutuos. Es Amorim quien ha “bombardeado” a Lula -tras recibir instrucciones del Eliseo- acerca de las “carencias democráticas” de Venezuela basadas en la imposibilidad legal y constitucional de la señora Machado de ser candidata en las elecciones. 

Hay que decir que es natural que Lula y Amorim actúen así, responde al ADN de la élite brasileña que nunca ha luchado contra nadie. Todo lo han obtenido negociando y cediendo en el marco de una institucionalidad sistémica frente a la cual jamás se han rebelado. Por supuesto que en la historia de Brasil ha habido grandes líderes revolucionarios como Tiradentes, Carlos Marighella y Luis Carlos Prestes entre otros. Lula no es uno de ellos. 

La ambigüedad de su discurso (y el de Dilma Rousseff, todavía más acentuado), lo aislaron del pueblo. Ambos abandonaron a los humildes que los llevaron al poder. En este momento recuerdo cuando en 2006 las organizaciones populares y sociales de Brasil le solicitaron al Comandante Chávez que intercediera con Lula a fin de que los escuchara. Con aprobación de éste, Chávez arriesgó su capital político y, aprovechando un viaje a Curitiba, se reunió en un teatro lleno con líderes y dirigentes sociales que acudieron de todo el país a plantearle cara a cara tal demanda. Incluso poniendo en riesgo su integridad física porque un pequeño grupito de exaltados quisieron acercarse violentamente a él, los escuchó pacientemente, tomó nota y les dijo que entendía sus razones, que iba a hacer lo que le pedían pero que en su , en el momento presente de Brasil, él pensaba que se debía apoyar a Lula. No creo que en toda su vida, Chávez haya recibido una rechifla tan grande como la que escuchó con paciencia ese día hasta que una vez calmados los ánimos, le habló largamente a los asistentes de la superior causa de América Latina y el Caribe, cerrando el evento con continuados y efusivos aplausos y vivas. 

Años después, cuando le dieron el golpe de Estado, Dilma llamó al pueblo a salir a las calles. Nadie lo hizo. Era normal, no les tomaba el teléfono a los dirigentes sociales, no los recibía, ni los atendía. Su alianza era con los empresarios, uno de ellos, que era su vicepresidente, fue el líder del golpe que la derrocó. El abandono del pueblo se paga caro. Nos daban lecciones, recuerdo la petulancia y soberbia de algunos dirigentes del PT que nos decían lo que debíamos hacer, pero aquí, Chávez resistió el golpe de Estado,  porque el pueblo movilizado, lo repuso en el poder. 

Ni siquiera se movilizaron a favor de Lula cuando estaba preso. Los grandes eventos que pedían su libertad reunían a 40 mil personas en un país de 215 millones de habitantes. Y es normal que haya sido así. En el momento en que lo estaban llevando a la cárcel, Lula en la versión más acabada de un hombre de las instituciones, dijo: “Confío en el sistema jurídico de Brasil”. No hizo un llamado al pueblo, no, confió en las instituciones.

Tal vez esas sean características positivas: la conciliación, el carácter pusilánime y la debilidad de espíritu, finalmente a ellos, la monarquía les regaló la independencia y la República y es posible que esa historia haya configurado su espíritu conciliador. Pero a Venezuela nadie le regaló nada, nosotros tuvimos que luchar por ellas y a un costo muy alto. Por eso, nosotros en lo nuestro y ellos en lo suyo, pero no es Lula quien nos puede dar lecciones de democracia. 

Tampoco de sentimiento y espíritu latinoamericanista puede Lula dar enseñanzas. Dije antes que él piensa en la necesidad de una integración subordinada. No son palabras huecas: ¿Quién impidió que se estableciera una arquitectura financiera en América del Sur? ¿Quién le puso todo tipo de trabas al SUCRE hasta impedir que funcionara? ¿Quién prestó poca atención a la creación de la CELAC hasta que entendieron que la necesitaban como plataforma para lanzarse a la conquista de un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU? ¿Quién apoyó UNASUR solo cuando Itamaraty estuvo segura que la podía controlar? ¿Quién huyó de Mar del Plata cuando Chávez, Kirchner, Tabaré Vázquez y hasta el conservador Nicanor Duarte le plantaban cara al jefe del imperio? ¿Quién atrasó todo lo que pudo la construcción de la refinería Abreu e Lima que Chávez impulsó para el bienestar del nordeste olvidado y marginado de Brasil? ¿Quién, ante el golpe de Estado contra el presidente Castillo en Perú, dijo que había sido una transición en términos institucionales?

Yo respeto lo que puede haber hecho Lula en favor de su pueblo. No sé si es todo lo que pudo, pero no puede, ni debe, estar dando lecciones de democracia a nadie, por lo menos en Venezuela no lo permitimos. Si la señora Machado le concedió ese derecho, se debe entender con ella y asumir la responsabilidad de aliarse con aquellos que hacen apología del terrorismo y favorecen una intervención militar extranjera en el país. ¿Por qué si Bolsonaro lo hace, está mal, pero si lo hace Machado, es correcto? ¿Por qué uno actuó al margen de la ley y otra lo hizo en favor de la democracia? ¿Por qué Bolsonaro es golpista y Machado no? Aclárelo, señor presidente Lula porque sino el presidente Maduro podría tener derecho a pedir que cese la persecución contra el ex presidente Bolsonaro. ¿Qué le parece? Claro, el presidente Maduro jamás hará eso, primero porque no se inmiscuye en los asuntos internos de Brasil y segundo porque jamás apoyará a un terrorista violento y golpista como está haciéndolo Usted en Venezuela.

Estimado compañero Lula, quisiera recordarle que el primer presidente en manifestar la solidaridad con Usted tras su injusta prisión fue Nicolás Maduro y el primer presidente en expresar su rechazo y repudio al golpe de Estado contra Dilma Rousseff fue Nicolás Maduro. No hubo cálculo político al decidir esas acciones. Hoy recogemos el ánimo y la solidaridad del pueblo brasileño que rechaza sus manifestaciones de apoyo al terrorismo en Venezuela. También es bueno recordar que el 25 de julio de 2019, la señora Machado twiteó contra usted y el peligro que significaba que el Foro de Sao Paulo reclamara su libertad. 

Como dicen los jóvenes ahora, “usted está en otra” presidente Lula. Mientras los pueblos africanos se rebelan y rompen con Francia, usted le declara su amor a Macron en el mismo lugar en que las empresas francesas devastan la Amazonía sin contratiempos. Más coherencia presidente, porque eso si es grave.

Otro caso, mucho más doloroso, es el de Colombia y su presidente. También se unió a los que se creen dueños de la verdad y pueden dar lecciones de democracia al mundo. Legamos de nuestro Libertador Simón Bolívar el amor por Colombia. Cuando en Bogotá hacían leyes para luchar contra el colonialismo, Bolívar construyó un Ejército para ir a liberar la Nueva Granada. La sangre de miles de venezolanos se derramó para lograr la independencia de Colombia. Cuando se preparaba la expedición, Antonio Nariño, el tribuno más renombrado del país y uno de los precursores de la independencia hispanoamericana, se encontraba preso en España. El Libertador tuvo que recurrir al oficial neogranadino de más alto grado para enviarlo a Casanare a organizar un ejército que recibiera al ejército venezolano y lo apoyara en la campaña que se preparaba.

Debió recurrir a un oscuro coronel sin mayor experiencia, a quien, para darle mayor poder de decisión, ascendió a general: Francisco de Paula Santander quien con los años se transformaría en el adalid de la independencia de Colombia, no sin antes traicionar a Bolívar, mandar a asesinar a Sucre e incluso intentar el mismo expediente con el Libertador. Sabemos desde hace 200 años de las traiciones gestadas en Bogotá. No nos sorprenden.

Vinieron 200 años de contubernio liberal-conservador que sumieron al país en guerra, destrucción y muerte, hasta que llegó a la presidencia Gustavo Petro. Por fin, un líder diferente…y vaya que lo es. Su esfuerzo por la pacificación definitiva del país merece los mayores elogios. Desde antes, el comandante Chávez y ahora, el presidente Nicolás Maduro han dado todo su apoyo a tal empresa, incluso cuando en el país hermano había sátrapas gobernándolo.  Me consta, porque fui testigo directo del esfuerzo, a veces hasta incomprensible del Comandante Chávez por apoyar la lucha por la paz en Colombia.

El problema de Petro no es ese, es su ego, su afán de creer que tiene la verdad absoluta y que puede dar lecciones a todos. Y ahora que tiene a un hombre de la derecha, empleado de la embajada de Estados Unidos, como ministro de Relaciones Exteriores, pareciera que lo pusieron a seguir la pauta elaborada en Washington. Esto no hubiera ocurrido si el canciller Álvaro Leyva hubiera estado en funciones, porque siendo un hombre de derecha, ha dado pruebas sustanciales en defensa de los más altos intereses de la humanidad.

El colmo del ego de Petro ocurrió en fecha reciente cuando se permitió criticar y refutar la decisión rusa y china de vetar una propuesta para un alto al fuego transitorio en Palestina, elaborada por Estados Unidos para favorecer a Israel. Las organizaciones palestinas unánimemente agradecieron a Rusia y a China por la decisión, pero Petro siendo ”más palestino que los palestinos” la criticó. Esta decisión permitió la posterior, aprobada tres días después en la que Estados Unidos se vio obligado a abstenerse de hacer uso de su derecho a veto. Entonces Petro, intentando huir hacia adelante dijo que si no se cumplía la resolución, había que romper relaciones con Israel. Hágalo presidente Petro. ¡Hágalo! Pero antes debe librar una lucha interna contra su ego, que lo oprime y no lo deja pensar con la lucidez, el conocimiento y la coherencia que lo han engalanado en otros asuntos. “La mejor manera de decir, es hacer” enseñó José Martí, "Mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar" afirmó por su parte Juan Domingo Perón.

Venezuela no tuvo que esperar 32.000 palestinos asesinados, entre ellos 12.000 niños para romper relaciones con el ente genocida. La decisión fue tomada por el presidente Chávez en 2009 cuando la barbarie sionista ni se acercaba a los niveles de repugnancia que hoy se han hecho públicos. No pretenda dar lecciones a los demás de algo que Usted no hace. 

Y con respecto a Venezuela, no haga lo que no quisiera que le hicieran a usted. Porque si así fuera, el presidente Maduro podría hacer un llamado a que se acepte que el comandante Antonio García o el comandante Iván Márquez se les permita ser candidatos a presidente. Cuando en 2002, Colombia decidió elegir a un conocido narcotraficante y connotado paramilitar como presidente del país, Venezuela no dijo nada. Al contrario, recuerdo al Comandante Chávez en una conversación sobre el tema en la loza del aeropuerto de Maracaibo, el 8 de mayo de 2006 cuando se dirigía a la Guajira a poner el primer tramo del gasoducto binacional: “El pueblo colombiano lo eligió y nosotros tenemos que respetar la decisión del pueblo colombiano y trabajar con Uribe en beneficio de nuestros dos pueblos hermanos”. Y así fue. Ni siquiera en las condiciones en que Uribe daba una mano mientras al mismo tiempo con la otra, cual Santander moderno, empuñaba el arma fratricida, Chávez modificó su prédica. 

Recientemente el gobierno de Venezuela ha hecho todo lo que está a su alcance para favorecer una buena relación. A usted le consta porque ha sido fervoroso promotor de lo mismo. No nos merecemos que Usted nos juzgue, defendiendo a una terrorista que al violar las leyes de la República, se auto excluyó de ser candidata.

Por cierto, cuando usted ganó los comicios presidenciales de 2022, esa misma señora Machado, tan solo un día después de su elección, es decir el 20 de junio escribió un tweet: “El proyecto de Petro es muy peligroso, pero es derrotable. Luchemos unidos colombianos y venezolanos por nuestra libertad”. Paradójicamente, señor presidente Petro, Usted acogió el llamado de la terrorista y ahora, junto a ella, quiere luchar en Venezuela por la democracia teledirigida desde Washington. 

Esto de estar un rato con Venezuela y otro contra Venezuela a partir de un cálculo político interesado y mezquino no es de nosotros. Bolívar nos enseñó que se es solidario o no se es y sacó al ejército venezolano del territorio nacional cuando nuestra independencia se había consumado en Carabobo porque creía que la libertad no era total mientras permaneciera un pueblo americano sojuzgado. Al finalizar la guerra, nuestros soldados regresaron al país, no colonizaron, no ocuparon, no impusieron nada. 

Chávez, por su parte, tampoco estaba haciendo cálculo político cuando decidió utilizar los enormes recursos energéticos del país para avanzar hacia la integración, mejorando las condiciones de vida de los pueblos, y lo hacía sin preguntar de qué signo político era el presidente. Tampoco opinaba sobre quién debía y quién no debía ser el máximo mandatario/a de un país. No hicimos cálculo político cuando ayudamos a Argentina en un momento aciago de ese país. El gobierno de Venezuela no hizo cálculo político cuando el presidente Maduro ordenó enviar oxígeno a los hospitales de Manaos en el peor momento de la pandemia, aunque era el instante en que arreciaba la agresión de Bolsonaro contra Venezuela. Manifestamos solidaridad y dimos solidaridad.

No hicimos cálculo político cuando creamos Petrocaribe, ni cuando multiplicamos nuestras embajadas en África, tampoco cuando solidarizamos con Palestina o con la República Árabe Saharaui Democrática. No le preguntamos a Estados Unidos y Europa si están de acuerdo con nuestras decisiones antes de implementarlas.

En tiempos en que arrecia la agresión imperialista y neoliberal, los que pensamos parecido, no necesariamente igual, debemos comprendernos y aceptarnos. Basta una llamada de teléfono y una consulta. No importa que la escuchen en la Embajada de Estados Unidos. Así sabrán que somos hermanos en las buenas y en las malas. Así también se evitan las opiniones erradas emanadas de la mediática transnacional desinformadora y de los agentes imperiales infiltrados en nuestros gobiernos. 

Muy triste todo esto señores presidentes, pero mientras ustedes se alían con el terrorismo de la derecha venezolana, nuestro país, nuestro sistema electoral y nuestro proceso reciben el apoyo de Rusia, de China, de la mayor parte de la humanidad y por cierto, muy importante decirlo, de los pueblos hermanos de Brasil y de Colombia. Hay un viejo dicho que reza” Dime con quien andas y te diré quien eres”. Mucho cuidado estimados presidentes Lula y Petro.


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